domingo, 1 de abril de 2012

Soñarte.


El mundo gira, escupen palabras en un concierto multitudinario, los árboles se agitan con el paso del viento, la marea sigue su lucha contra la costa, discuten en algún lugar, alguien pasa las páginas de un libro, ella llora... Pero nosotros paralizamos nuestro tiempo, perpetuamos las caricias y las sellamos con besos.
  

Suena a cliché romántico, pero muchas veces solo hace falta algo como esto para que un lector se embarque en una historia de la que no querrá salir hasta saber el final. Ese final en el cual nada acaba, el que hace que la historia perdure hasta el infinito. Dándole carta blanca a nuestras mentes para jugar con ese incierto destino. Así también comienzan las historias de una vida, enganchándote con sus dosis de adrenalina, dejándote ver mínimos esbozos de lo que viene en el horizonte del tiempo.
     
No necesito nada más que eso para poder recrearme con el destino en mis sueños. Para esbozar infraestructuras en las nubes. Imaginarme un tu y un yo en cualquier momento del día. Jugar a dar forma a todo lo que aun no existe, ese es mi sentido de un te quiero. 

Araxiel Dóyel.

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