domingo, 20 de enero de 2013

Reflexión atemática.

El reloj de cuco de mis vecinos canta las tres de la mañana y yo después de un amago de quedarme dormida, miro mis viejas entradas de este blog. Hay alguna entrada muy personal y cotidiana, eso hace que me sienta nostálgica, que me eche de menos a mi misma, quizás a mi yo más rara y diferente, a la que escribía entradas contando su vida.
En un principio, yo decidí hacerme un blog para poder compartir con el mundo la serie de acontecimientos adolescentes que pasaban por mi vida y por mi cabeza. Pero poco a poco se fue transformando en un sitio en el que solo escribo. Que está bien, me encanta escribir, intentar crear arte con mis palabras. Pero también me gusta verme plasmada tal cual soy y lo que me pasa. Soy una especie de libro que grita cosas, me gusta escribir sobre mi e incluso hablar sobre mi, me ayuda a entenderme mejor a mi misma. Suena a altas dosis de egocentrismo, yo no lo consideraría tal, ya que de una forma u otra a todos nos gusta hablar y pensar en nosotros mismos, solo que ante esto se plantan muros como la vergüenza, el pudor o incluso la supuesta valentía.
No es que sea muy de valientes contar tu vida en un blog que al igual solo leo yo, pero no se trata de ese tipo de valentía. Se trata de ser capaces de decirnos a nosotros mismos quienes somos, que nuestra mente use el papel así como nuestro cuerpo usa el espejo. Una vez que sabemos quienes somos, es cuando de verdad podemos centrarnos en los demás. Poder mirarnos en nuestro espejo indica que seremos capaces de mirar hacia el espejo de los demás sin sentir rencor, envidia o celos.
Esta es una entrada con un valor literario posiblemente nulo, estoy escribiendo directamente desde el editor de entradas y no tengo intención de revisar lo que he escrito hasta ahora, en todo lugar ha de haber un sitio para la espontaneidad.
Un gran saludo, Araxiel.

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